Hay algunos días que no te pertenecen. Vienen y se van como si fueran de otra persona, se van y te dejan tras el rostro de alguien y es una cara más desagradable que la tuya, y más fría. Llegan en silencio, barren lo que encuentra a su paso, y se van y ni siquiera oyes el crujir de sus pisadas sobre el suelo de madera. Son más fuertes que los amigos que tratas de mantener a tu lado.
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